El triple ahankara, que representa la fuente de los elementos burdos, los sentidos y la mente, es idéntico a éstos porque es su origen. También se le conoce como Sankarsana, que no es otro que Sri Ananta mismo con sus mil cabezas.
Este falso ego se define como actor, como instrumento y como efecto. También se le describe como sereno, activo o inerte según esté influido por la virtud, la pasión o la ignorancia.
Del falso ego en la virtud surge otra transformación, de la cual nace la mente; y son los pensamientos y las reflexiones los que despiertan los deseos.
La mente del ser condicionado se conoce como Aniruddha, el máximo maestro de los sentidos. Tiene una forma de color azul oscuro, que le hace parecer un loto otoñal. Los espiritualistas están llegando poco a poco a descubrirlo.
De la transformación del falso ego en pasión, oh mujer virtuosa, nace la inteligencia, que tiene la función de ayudar a determinar la naturaleza de los objetos percibidos y de asistir a los sentidos.
La duda, el buen y el mal entendimiento, la memoria y el sueño, determinados por sus diferentes funciones, constituyen los rasgos propios de la inteligencia.
El egoísmo en la pasión produce dos tipos de sentidos: los que permiten la adquisición de conocimiento y los que permiten la acción. Los primeros dependen de la inteligencia y los segundos de la energía vital.
Cuando la energía sexual del Señor Supremo actúa sobre el egoísmo marcado por la ignorancia, el elemento sutil del sonido se manifiesta, y del sonido surgen el espacio etérico y la audición.
Los sabios que poseen el verdadero conocimiento definen el sonido como aquello que expresa el significado de una cosa y que indica la presencia de un hablante invisible a nuestros ojos; El sonido constituye la forma sutil del éter.
Los movimientos y características propios del éter pueden percibirse como factores de acomodación de los hábitats internos y externos de todos los seres vivos, es decir, los campos de acción del soplo vital, de los sentidos y de la mente.
De la existencia etérea, que procede del sonido, se produce una nueva transformación bajo el impulso del tiempo que produce la manifestación de un elemento sutil compuesto por los objetos del tacto, y luego de allí, el del aire y el tacto propiamente dicho.