La suavidad y la dureza, así como el calor y la frialdad, son los atributos distintivos del objeto del tacto, que representa la forma sutil del aire.
La acción del aire se manifiesta mediante diferentes movimientos, amalgamándose, permitiendo la percepción de objetos sonoros así como otras percepciones sensoriales, y asegurando el correcto funcionamiento de todos los demás sentidos.
A través de la interacción del aire y las sensaciones táctiles, el ser recibe diferentes formas según su destino. De la evolución de estas formas surge el fuego y los ojos pueden entonces distinguir diversas formas y colores.
Mi querida madre, la forma se caracteriza por su dimensión, calidad e individualidad. La forma del fuego se aprecia a través de su radiación.
El fuego se percibe pues por su luz, pero también por su capacidad de cocer los alimentos además de digerirlos, de vencer el frío, de evaporar líquidos y de despertar el hambre y la sed como el comer y el beber.
Bajo la acción del fuego y las sensaciones visuales, el elemento sutil que es el sabor se desarrolla según un diseño superior. Luego viene el gusto, de donde proviene el agua, y la lengua, que percibe los sabores.
El agua se caracteriza por las siguientes propiedades: humedece otros elementos, coagula diversas sustancias, proporciona saciedad, mantiene la vida, suaviza ciertas cosas, aleja el calor, alimenta continuamente los cursos de agua y refresca calmando la sed.
A través de la interacción del agua y la percepción del gusto, y según un diseño superior, se manifiesta el elemento sutil del olfato. De allí proviene la tierra y el sentido del olfato, mediante el cual podemos percibir los diversos olores de la tierra.
El olor, aunque de una sola esencia, se vuelve diverso, a veces mixto, a veces repulsivo y a veces perfumado, dulce, fuerte o ácido, etc., según las proporciones en que se combinan las sustancias de que emana.
Las características propias de las funciones de la tierra se pueden percibir al modelar formas del Supremo Eterno, al erigir lugares de residencia, al hacer vasijas para contener agua, etc. En otras palabras, la tierra sirve de soporte para todos los elementos.
El oído es el sentido cuyo objeto de percepción es el sonido, y el tacto es el sentido cuyo objeto de percepción es lo que se toca.
La vista es el sentido cuyo objeto de percepción reside en la forma, que caracteriza al fuego. El gusto, por el contrario, tiene como objeto de percepción el sabor, que es la marca del agua. Finalmente, el sentido del olfato tiene como objeto de percepción el olor, que pertenece específicamente a la tierra.