La influencia de la naturaleza material ha cubierto al ser distinto, sumergiéndolo así como en un fuego ardiente perpetuo. Pero mediante la práctica seria del servicio devocional esta influencia puede disiparse, tal como los trozos de madera que se utilizan para encender el fuego son consumidos por ella.
Al abandonar su deseo de dominar la naturaleza material por haberse dado cuenta de la naturaleza errónea de este deseo, el ser viviente se vuelve independiente y se encuentra en su propia gloria.
Aquel que sueña y cuya conciencia está casi totalmente velada, podrá ver muchas señales nefastas, pero en el estado de vigilia, en plena conciencia, estos mismos fenómenos no pueden perturbarle.
La influencia de la naturaleza material no puede dañar a un ser iluminado, incluso si se entrega a actos materiales, porque conoce la verdad acerca del Absoluto y su mente permanece fija en la Suprema Personalidad de Dios.
Cuando una persona se dedica así al servicio devocional y a la realización espiritual durante muchos años, durante muchas existencias, se vuelve totalmente reacia a disfrutar de los placeres que ofrece cualquier planeta material, incluso el más elevado, conocido como Brahmaloka; Su conciencia entonces se desarrolla plenamente.
Mi devoto verdaderamente alcanza la realización espiritual a través de Mi gracia infinita y sin causa, y así, una vez liberado de toda duda, marcha firmemente hacia su propio destino, que se encuentra directamente bajo la protección de Mi energía espiritual, toda pura bienaventuranza. Ésta es la perfección última que el ser distinto debe alcanzar. Después de abandonar su cuerpo material, el espiritualista regresa a esta morada absoluta, para no regresar nunca más a este mundo.
Cuando la atención del espiritualista perfecto ya no está cautivada por las hazañas que los poderes sobrenaturales, estas manifestaciones de la energía externa, permiten realizar, su progreso hacia Mí no conoce límites, tanto que la muerte ya no tiene poder sobre él.