Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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El Señor nos muestra que el alma es eterna y el cuerpo, efímero. Iluminados así, sigamos cumpliendo con nuestro deber como seres humanos según la clase social a la que pertenecemos, sin que nos frene el temor de que un miembro de nuestra familia o conocido pueda morir. Asimismo, iluminados por el Señor, debemos aceptar sin lugar a dudas que existe un alma distinta del cuerpo material y negarnos a creer que las señales de vida aparecen en cierta etapa de la evolución de la materia mediante una simple combinación de elementos químicos. Sin embargo, aunque el alma es inmortal, no se debe fomentar la violencia, excepto en tiempos de guerra, cuando es verdaderamente necesaria. Y cuando decimos «verdaderamente necesaria», implica que se aplica con la aprobación del Señor, no de forma caprichosa.

El elemento tiempo está en el origen de la aparición y desaparición del cuerpo material.

Dado que es cierto que el cuerpo material será destruido y la duración de nuestra existencia es incierta, no debemos alabar ni la muerte ni la vida.

Más bien, debemos observar el tiempo eterno, dentro del cual los seres vivos aparecen y desaparecen. Desde tiempos inmemoriales, los seres vivos del universo material han buscado resolver el problema del nacimiento y la muerte. Algunos enfatizan la muerte al enfatizar la naturaleza ilusoria de todo lo material, mientras que otros se inclinan hacia la vida, esforzándose por perpetuarla y disfrutarla al máximo. Pero ambas actitudes son obra de individuos deshonestos y poco inteligentes. Se recomienda tomar conciencia de la eternidad del elemento tiempo, que está en el origen tanto de la aparición como de la desaparición del cuerpo material, y ver cómo los seres vivos están aprisionados por este elemento. Debemos observar las actividades del tiempo eterno, el origen del nacimiento y la muerte. Debido a que los seres vivos están sujetos al dominio del tiempo, nacen y mueren, vida tras vida. Este elemento temporal es la representación impersonal de la Suprema Personalidad de Dios, quien concede a los seres vivos condicionados por la naturaleza material la oportunidad de escapar de su control entregándose a Él.

El Señor dice: El Señor Supremo reside en el corazón de todos los seres y dirige sus peregrinajes, cada uno de ellos siendo, por así decirlo, una máquina (un cuerpo) constituido por energía material.

De acuerdo con sus deseos materiales, el ser vivo encarnado recibe diversos tipos de cuerpos, que no son más que vehículos ofrecidos por la naturaleza material, a través de padres específicos, por orden del Señor Supremo. Por lo tanto, es por la voluntad del Señor Supremo que debemos asumir diversos cuerpos y dormir en diferentes condiciones.

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