Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Debido a su sed de placer, el impersonalista no puede acceder al mundo espiritual.

Los impersonalistas que aspiran a fundirse en la refulgencia que emana del cuerpo espiritual de Krishna, la Suprema Personalidad de Dios, pero que desconocen el servicio amoroso y devoto que se ofrece a Su forma personal en el mundo espiritual, pueden compararse con los peces que nacen en ríos y arroyos y luego migran al océano. Les es imposible permanecer en el océano indefinidamente, pues sus sentidos los impulsan de regreso a los ríos y arroyos para desovar.

De igual manera, el materialista, frustrado en sus esfuerzos por encontrar placer en nuestra limitada galaxia material, buscará la liberación impersonal fundiéndose en el océano causal o en la refulgencia impersonal de Dios.

Pero como ninguno de estos dos sistemas ofrece sustitutos para las relaciones materiales y la actividad sensorial, el impersonalista tendrá que retroceder al limitado universo material y perderse una vez más en el ciclo de muertes y renacimientos sucesivos, impulsado por el deseo insaciable de placeres sensoriales.

Pero el ser santo, el devoto de Krishna, que ha elegido ocupar sus sentidos en el servicio devocional, alcanza el reino de Dios y allí disfruta de la compañía del Señor y de las almas liberadas, y nunca más sentirá atracción por los beneficios limitados del mundo material.

¿Qué significa «volverse uno con Dios»?

En realidad, volverse uno con Krishna, la Suprema Personalidad de Dios, es vincular nuestros deseos e intereses con los del Señor.

¿Cuál es el propósito de la forma humana?

La forma humana tiene como propósito liberarnos del cautiverio material.

Mientras el hombre permanezca absorto en acciones egoístas, sus pensamientos serán arrastrados por el torbellino de la energía material, de ahí su sucesivo encarcelamiento en diversos cuerpos materiales.

Por lo tanto, el hombre debe vivir con el único propósito de regresar a Dios, a Su morada original, para no asumir ningún cuerpo material efímero, ya sea placentero o desagradable, poniendo así fin al ciclo de muerte y renacimiento repetidos en este mundo. La verdadera inteligencia es la que lleva al hombre a comprender que la única perspectiva que tiene es la de desear que su existencia tenga este único propósito.

Recordemos siempre que la creación material existe solo para la salvación de las almas condicionadas. Es en verdad con este propósito que, a través de Su misericordia sin causa, el Señor desciende sobre varios planetas de este mundo y muestra allí Sus actos espirituales y absolutos.

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