El tiempo, que provoca la transformación de las diversas manifestaciones materiales, es otro aspecto de Dios, la Persona Suprema, pero el tiempo se pierde en aquellos que no lo conocen como tal.
El Señor Supremo, Sri Visnu, el beneficiario de todos los sacrificios, representa el elemento del tiempo y al Maestro de maestros. Él está en el corazón de todos, apoyando a todos y haciendo de uno una molestia para otro.
Nadie es particularmente querido por el Señor Soberano, nadie es su amigo ni su enemigo; pero Él inspira a los que no lo olvidan y destruye a los demás.
Es por temor de Dios que sopla el viento y brilla el sol, por temor de Él que cae la lluvia, y siempre por temor de Él que brilla la multitud de estrellas.
Por temor al Señor Soberano, los árboles, los arbustos, las hierbas y diversas plantas de temporada florecen y dan fruto, cada uno según su estación.
Es también por temor al Supremo que los ríos fluyen y el océano nunca cruza sus límites. Y siempre por temor a Él, el fuego arde y la Tierra, con sus montañas, no se hunde en el abismo oceánico del universo.
Bajo la guía del Señor Soberano, el espacio da refugio a todos los planetas, que a su vez albergan a los innumerables seres vivos. Bajo Su guía suprema también se despliega todo el cuerpo universal con sus siete capas.
También es por temor a la Suprema Personalidad de Dios que las deidades responsables de los tres gunas realizan sus funciones de creación, mantenimiento y destrucción; y todo en este mundo, tanto lo animado como lo inanimado, está bajo su control.
El tiempo eterno no tiene principio ni fin; Él representa al Señor Soberano, el creador de este mundo criminal. Es él quien determina el fin del universo fenomenal. Él perpetúa la obra de la creación al provocar el nacimiento de un ser a través de otro; Asimismo disolvió el mundo, hasta el punto de aniquilar al propio Yamaraja, el señor de la muerte.
El Señor Kapila describe los malos actos egoístas y nos revela el asombroso poder del tiempo eterno.
El Señor Soberano dijo:
Al igual que una masa de nubes, que desconoce la fuerza del viento, el ser absorbido por una conciencia material ignora el formidable poder del tiempo que lo arrastra.
Todo lo que el materialista produce con mucho tormento y esfuerzo en aras de la llamada felicidad, el Señor Supremo, en la forma del tiempo, lo destruye; Y es por esto que el alma condicionada se aflige.