Mensajes Divinos
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El kali-yuga se caracteriza también por un descenso de la espiritualidad. Por así decirlo, en esta era, ya ni siquiera es una cuestión de religión, eso ya no le interesa a nadie y por todas partes se ve cómo cierran iglesias y templos. Todo esto corresponde, pues, a un declive de la espiritualidad (dharma).

La autenticidad, la pureza y la clemencia tampoco escapan ya a esta regla. En el pasado, los hombres se prestaban a perdonar un insulto o una afrenta. Arjuna es el mejor ejemplo de esto: aunque sufrió muchas afrentas por parte de sus enemigos, hizo partícipe a Krishna, en el campo de batalla de Kurukseta, de su deseo de no tomar venganza en un combate cruento. Pero, en nuestros días, se mata a la más mínima discusión, es la triste verdad. Y, de la misma forma, la compasión está en vías de desaparecer. Dentro de poco, se podrá asesinar a una persona en público sin que nadie intervenga; es más, ya está ocurriendo en la actualidad. De esta forma, la espiritualidad, la honradez, la pureza, la clemencia, la compasión, la duración de la vida, la fuerza física y la memoria van a ir disminuyendo de forma progresiva, y estos síntomas nos recuerdan que la era de Kali avanza de manera inquietante.

El Srimâd Bhagavatam también anuncia que, “A lo largo de la era de Kali, se juzgará el valor y la posición social de un hombre según su riqueza”. (S.B. 12.2.2). Sin embargo, en otro tiempo, se consideraba a un hombre en función de lo elevado de su espíritu. Se honraba a un brahmán por el conocimiento que tuviera del brahmán y porque era consciente de la realidad espiritual suprema. Pero, hoy día, en la era en que vivimos, ya no hay verdaderos brahmanes porque los hombres usurpan ese nombre alegando un derecho hereditario (el sistema de castas). Es verdad que, en otro tiempo, los derechos de la herencia tenían también su importancia, pero el auténtico valor de un hombre se juzgaba según su conducta. El que nacía en una familia de brahmanes o de ksatriyas se comportaban como brahmanes o como ksatriyas. Y era deber del rey vigilar que esa persona no usurpara su posición. Dicho de otro modo, se juzgaba la respetabilidad de una persona por su cultura y su educación. Pero, en nuestros días, con el dinero se puede conseguir todo. Cualquier individuo, por poco recomendable que sea, contará con el respeto de los demás si tiene dinero, sin que importe la manera en que lo haya ganado. En cuanto a la cultura o la educación, estos criterios ya no se tienen en cuenta en el kali-yuga. Otros síntomas de esta era son, “Los principios religiosos y la justicia tendrán que someterse al poder temporal”. (S.B. 12.2.2). Basta que un hombre goce de cierta influencia para que se le reconozcan todos los privilegios. Podrá ser el último de los impíos y hacerse proclamar santo comprando a los sacerdotes. Por tanto, es el dinero el que le da valor al hombre, no sus cualidades reales. Después se lee, dâmpatye `bhirucir hetur mâyaiva vyâvahârike: “El matrimonio solo se basará en un afecto pasajero y para tener éxito en los negocios hará falta engañar a los demás”. (S.B. 12.2.3). En nuestros días, las relaciones conyugales se basan en una atracción mutua y basta con que un chico y una chica se gusten para que decidan casarse de inmediato. A nadie se le ocurre pensar en el futuro de los jóvenes y este tipo de uniones, con frecuencia, llevan a la insatisfacción e incluso al divorcio seis meses después; y todo ello porque el matrimonio solo se había basado en un atractivo superficial, no en una comprensión profunda.

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