Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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En verdad, según la ley divina, «quien mata, muere».

Quienes se dedican a sacrificar miles de animales para que otros compren su carne, como los trabajadores de los mataderos y demás, deben esperar sufrir el mismo destino que estos animales inocentes, vida tras vida.

Muchos canallas violan sus propios principios religiosos.

¿Acaso Dios no ordenó: «No matarás»?

Sin embargo, incluso líderes religiosos, bajo diversos pretextos, participan en la matanza de animales, fingiendo ser santos. Tal farsa, tal hipocresía en la sociedad humana, engendra innumerables flagelos, de ahí las grandes guerras que estallan periódicamente. Multitudes de estos individuos se enfrentan y se matan entre sí en el campo de batalla, con el corazón lleno de odio, pues el amor por sus semejantes se ha desvanecido. Hoy, han inventado la bomba atómica y periódicamente amenazan con usarla para aniquilarlos. La inteligencia de estos líderes mediocres se ha perdido.

¿Acaso no está escrito: «Quien a hierro mata, a hierro muere»?

Aquellos movidos por el odio, esos incrédulos demoníacos al servicio de Satanás, que, dando la espalda a Krishna, Dios, la Persona Suprema, y ​​rechazando Sus leyes divinas, han decidido derramar la sangre de los inocentes, sufrirán el mismo destino vida tras vida, y deberán sufrirlo desde este mismo instante.

Me dirijo a ellos y les digo: Obedezcan a Dios y no quiten la vida a nadie, ni a un ser humano ni a un animal. Quien quite la vida a un ser humano, blanco, negro, amarillo, rojo, mestizo, o a un animal terrestre o acuático, sufrirá el mismo destino en su próxima vida, y en las siguientes, en proporción al número de vidas que haya quitado. El sufrimiento que experimentarán será terrible. Pueden escapar de la justicia humana, pero nadie puede escapar de la justicia divina ni de los castigos que esta inflige.

Este es el destino que aguarda a quienes matan animales.

En verdad, matar animales nos obliga a renacer en forma animal, a ser devorados por la misma especie que matamos en nuestra encarnación anterior. Así es la ley de la naturaleza.

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