Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Ignorancia. La ignorancia es la ausencia de información sobre Dios tal como es realmente, la falta de conocimiento de nuestra verdadera identidad espiritual y la falta de comprensión de la verdad existencial y absoluta. La ignorancia impide al hombre actuar correctamente. Es también la causa del error humano, la ceguera, la perdición, la violencia, la agresión, la criminalidad y el ateísmo. El verdadero culpable de todo esto es la ignorancia.

La mente es la causa del encarcelamiento y la esclavitud del hombre en la materia. La mente es el origen de la lujuria, la ira, el orgullo, la codicia, la tristeza, el engaño y el miedo.

La mente puede ser la mejor amiga del alma condicionada, pero también puede ser su peor enemiga. El hombre debe usarla para elevarse, no para degradarse.

En la existencia material, todos somos esclavos de la mente y los sentidos; de hecho, es la mente la que nos da una falsa concepción de nosotros mismos, la que nos inculca el deseo de dominar la naturaleza material, y esa es la causa del encarcelamiento del alma en el universo material.

Si la mente se dirige de forma que no se deje fascinar por el resplandor de la materia, el alma escapará de su condicionamiento. Bajo ninguna circunstancia debemos dejarnos llevar por los objetos de los sentidos, pues, mediante un proceso de degradación, nos hunden cada vez más en la existencia material.

La mejor manera de liberarnos de este enredo será no ofrecer nunca nuestros pensamientos a más de un solo objeto: Krishna, Dios, la Suprema Personalidad.

Absorto en los objetos de los sentidos, aprisiona al ser; y desapegado de ellos, lo libera y es el origen de la liberación, de la salvación.

Concentrar la mente en Krishna, la Suprema Personalidad de Dios, produce la liberación suprema.

En realidad, las obras de caridad que realizan los filántropos solo son beneficiosas en apariencia.

Construir hospitales, abrir clínicas y refugios de emergencia, ofrecer teléfonos y computadoras portátiles gratis, distribuir comida o ropa a los pobres no aporta nada a los necesitados, porque todo esto solo concierne al cuerpo, no al alma.

Pero Dios dice: Es el interés del alma lo que debe buscarse, no el del cuerpo. Son las necesidades del alma las que deben satisfacerse, no las del cuerpo.

La verdadera caridad es la que permite al alma alcanzar la elevación espiritual, la liberación, la verdadera libertad, alcanzar la plenitud espiritual y la que conduce a Dios.

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