La Ciencia Espiritual Pura
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Krishna dice: “A través del servicio de devoción y solo así, Me podéis conocer tal y como soy. Y el ser que, gracias a una devoción semejante, llega a ser completamente consciente de Mi Persona, entra en Mi reino absoluto”.

Aquellos que conocen a Dios, que saben que él es objetivo final de la existencia, de todos los sacrificios, de todas las austeridades y el Soberano Monarca de todos los mundos, así como el mejor amigo de todos los seres, ven cómo desaparecen sus sufrimientos materiales.

La llave principal de la liberación espiritual la tiene el Padre Eterno. Él solo, por su gracia divina, la otorga. Solo aquellos que aman a Dios, que buscan su presencia, que lo obedecen, que se abandonan a él y que quieren servirle con amor, humildad y devoción, serán liberados.

La felicidad que Dios nos quiere ofrecer nada que ver no tiene con la felicidad efímera que conocemos en la tierra. Convirtámonos en seres de amor y bondad, marchemos por la senda del bien y tengamos fe en el auténtico maestro espiritual, verdadero servidor íntimo de Dios, y el Padre Eterno nos la concederá.

La senda que lleva a Dios es muy difícil de seguir, su aplicación es simple y es la única. Felices aquellos que aplican estos principios reguladores: “No comerás carne, pescado, ni huevos; no tendrás relaciones sexuales fuera del matrimonio; no consumirás drogas ni productos excitantes; no jugarás a juegos de azar”, porque vivirán en la santidad.

Felices aquellos que inculcan amor, bondad, misericordia, compasión, igualdad y benevolencia en el corazón y que aman a todos los seres vivos (a todos los seres humanos sin excepción, a todos los animales y todos los vegetales) porque quedarán impregnados por la verdad.

Pero todavía más felices son aquellos que saben que hay que amar a Dios, obedecerlo, abandonarse e él y servirlo con amor, humildad y devoción, porque ellos conocerán al Padre Eterno tal y como es. Solo a través de una devoción semejante, plenamente consciente de Dios, es posible entrar en su reino eterno.

Desgraciados todos aquellos que sirven a Satán, la ilusión, porque se quedarán en las tinieblas de la ignorancia y padecerán los tormentos del infierno.

Todos los que actúan con maldad, que se atreven a llamarle bien al mal y que, por sus acciones criminales demuestran que actúan bajo la influencia del diablo, serán severamente castigados por la justicia divina. Al hacer sufrir a los inocentes y verter sangre, sin ningún remordimiento y con frialdad, se condenan ellos mismos a la maldición eterna. Entrarán en el abismo de donde nunca saldrán, a menos que cambien su comportamiento, se arrepientan y decidan escuchar a Dios. Aunque todavía se encuentran entre los hombres, ya están espiritualmente muertos.

Nadie sabría vivir sin amor. Dios es la fuente del amor, la esencia pura de la felicidad perfecta. A él le gusta propagar sus efluvios.

El amor verdadero y permanente no existe en el universo material. Si queremos conocer el verdadero amor, como ser impregnado, inmerso, volvámonos a Dios y sirvámosle con amor y devoción.

El servicio de amor y devoción que le ofrecemos al padre Eterno nos permite desarrollar el verdadero amor por Dios, nos concede estar impregnados de la esencia del amor, satisfacer nuestra sed de amor y, así, de forma natural, amar a todos los seres; pero, sobre todo, por la gracia del Padre Eterno, experimentar una felicidad sublime e ilimitada.

Si queremos que la paz y la armonía reinen en toda la tierra, basta con enseñarles a los hombres el arte de amar a Dios. Así podrán, enseguida y al mismo tiempo, amar a todos los seres. Enseñémosles a conocer al Padre Eterno, a que su amor por él aumente, a desarrollar la consciencia de Dios, así, ellos mismos llegarán a realizarse y alcanzarán la auténtica felicidad.

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