La Ciencia Espiritual Pura
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La muerte es la destrucción del cuerpo material. En cuanto el cuerpo deja de funcionar, que de nuevo se mezcla con los cinco elementos de la naturaleza material, el ser vivo, el alma espiritual, se reencarna en otro cuerpo, determinado por los actos de su existencia pasada y sus consecuencias. Así, los cuerpos cambian uno tras otro y el alma transmigra. Además, el ser vivo cambia de cuerpo en cuanto los agentes del deva de la muerte deciden su próxima envoltura mortal. Mientras el ser vivo esté condicionado por el mundo material tendrá que ir envuelto por cuerpos de materia, uno tras otro. El cuerpo que ocupará en su próxima existencia se le concede según las leyes de la naturaleza, según sus actos en esta vida y sus consecuencias. Cuando obtiene un cuerpo nuevo se olvida totalmente del anterior.

El ser vivo, el alma espiritual es el principio de todas las actividades del cuerpo material. Presa de la ilusión, el alma se queda oculta por dos envolturas, una corporal y otra etérea. Camuflada de este modo, el alma llega a identificarse en el cuerpo material y se confunde en su Ser real.

Este sentimiento erróneo de su identidad real, “el falso ego”, obliga al alma a considerar su envoltura carnal como su auténtico estado y, como proyección, su progenitura para con sus hijos, su país como objeto de veneración. Entonces nace el nacionalismo, una faceta de la ignorancia.

En verdad, el alma espiritual, lo que todos somos, no pertenece a este mundo material porque procede del mundo espiritual. No pertenece a ninguna nación ni a ninguna especie viva y no tiene nada en común con el cuerpo.

¿Cómo descubrir la presencia del alma espiritual?

Aunque la presencia del alma no sea visible, sus efectos no dejan de ser bastante reales. Además, se puede percibir la presencia del alma observando la actividad que tiene en el cuerpo. Los “Vedas” enseñan que gracias a esa ínfima partícula, el alma espiritual, el cuerpo entero funciona de forma tan perfecta. No es difícil de entender. Si yo me pincho, sentiré de inmediato un dolor, porque mi consciencia penetra en todo mi cuerpo. Pero si muero, dicho de otro modo, si yo, el alma, abandono mi cuerpo, podrán cortar mi cuerpo en trozos sin hallar la más mínima oposición por mi parte. Por otra parte, la consciencia es el alma. ¿No es una excelente forma de detectar la presencia del alma?

Conocer el alma, ínfima partícula de Dios, significa tener la capacidad de conocerlo todo. El alma espiritual es una partícula antimateria más sutil que el más simple de los átomos y quien la hace imposible de percibir. Se conoce su existencia únicamente por los efectos que produce. Aunque sea ínfima, está dotada de un poder increíble porque les da la vida al cuerpo y al alma.

El reflejo de nuestros deseos.

Nuestro cuerpo es el resultado de nuestros deseos internos. Es posible descubrir los deseos de todos los individuos por los rasgos de su cuerpo. Este es el reflejo no sutil de una combinación de nuestros deseos que son elementos más sutiles. Nosotros obtenemos el cuerpo que hemos deseado. Podemos utilizar nuestros deseos para disfrutar de este mundo material o salir de él para tener finalmente un cuerpo espiritual. Este quedará liberado de ese ciclo sin fin de muertes y nacimientos en este mundo material para conocer además la enfermedad y la vejez.

Todo el cuerpo efímero depende del alma inmortal que habita en él y tiene que tomar la forma que esta le impone a través de sus deseos. La naturaleza material modela los cuerpos según los deseos de cada ser vivo con un arte y un refinamiento sin igual. Aquel que quiera comer basura recibirá un cuerpo apropiado, como el de un cerdo, y el que quiera alimentarse de sangre y carne se convertirá en un tigre.

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