Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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¿Qué diferencia el bien y el mal, verdaderos y absolutos? ¿Cuáles son sus verdaderas definiciones?

En realidad, el bien y el mal no existen.

En realidad, en el universo material donde el hombre evoluciona, el bien y el mal se encuentran en el mismo plano, fusionados, y son una proyección de la mente. Cada persona parte de un concepto personal y erróneo, lo pone en práctica o lo define según su propia sensibilidad, su noción de la realidad y los valores que la impulsan.

Así, un ladrón considera normal robar e ignora la reacción del dueño del objeto robado. Para el ladrón, su acción es justa y correcta. Esto es cierto para todos los seres humanos, que ignoran la verdadera noción del Bien y del Mal y la confunden continuamente.

En realidad, el Bien y el Mal se definen en relación con Krishna, Dios, la Persona Suprema. Puesto que el Señor es la Existencia Absoluta, la Morada Absoluta, la Verda d Absoluta y la Vida Absoluta, debemos comprender que todo el universo cósmico reside en Él, al igual que todas las almas espirituales. En virtud de su posición suprema, infinita y absoluta, el Señor Krishna es, de hecho, el dueño de todo lo que existe y el único beneficiario de todos los frutos resultantes de las obras de las almas que residen tanto en el mundo espiritual como de las que han encarnado en el universo material.

Debido a esta verdad, es fácil comprender que la verdadera noción del Bien y del Mal se define en relación con Dios, Krishna, pues Él es la esencia pura y la única realidad.

El Bien Absoluto no es otro que Krishna mismo.

El bien absoluto es disfrutar de amar a Krishna, Dios, la Suprema Personalidad, de hacerlo feliz, de amar para complacerlo, de cantar himnos maravillosos para su alegría, de ofrecerle todos los frutos de nuestras obras, de entregarnos completamente a Él y deleitarse enormemente sirviéndole con amor y devoción.

El mal absoluto es justo lo opuesto al bien absoluto.

Es no amar a Krishna, Dios, la Suprema Personalidad; no querer escucharlo ni hacer lo que Él dice; es rechazar o negar Su autoridad; es distanciarse de Él; es hacer exactamente lo contrario de lo que Él dice; es ignorar Su existencia; o peor aún, es identificarse con Él, tomarse por Él, creerse un dios; en resumen, es envidiarlo.

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