El sufrimiento es útil y necesario porque nos permite tomar conciencia de nuestras malas acciones, hacer penitencia, arrepentirnos, pedir perdón, recurrir a Dios y respetar y aplicar definitivamente los preceptos, leyes y mandamientos divinos.
También debemos comprender que sufrimos constantemente las consecuencias de nuestras acciones pecaminosas en vidas anteriores. El karma, en este caso, actúa como una forma infalible de justicia. Es a través del karma, o la ley de causa y efecto, que podemos corregir nuestro comportamiento y mejorar.
Dios, la Suprema Personalidad Absoluta, nos enseña la actitud ideal que debemos adoptar: Las alegrías y las tristezas fugaces, como los veranos y los inviernos, van y vienen. Se deben únicamente al encuentro de los sentidos con la materia, y debemos aprender a tolerarlas sin que nos afecten.
No podemos escapar de los sufrimientos de este mundo; el único remedio es tolerarlos, aceptarlos y soportarlos. Quien no solo logra tolerar las miserias de este mundo, sino que también mantiene la calma y la serenidad ante las alegrías y las tristezas de este mundo, es digno de la liberación.
El Supremo Eterno dice: Quien no se deja afectar por la alegría ni por la tristeza, quien permanece sereno y resuelto en todas las circunstancias, es digno de la liberación (salvación).
Quien esté firmemente decidido a alcanzar su ser espiritual y sea capaz de tolerar los embates tanto de la infelicidad como de la felicidad, está listo para alcanzar la liberación. Ningún obstáculo puede detener a quien verdaderamente desea perfeccionar su vida. Podemos perfeccionarla aprendiendo a tolerar las dificultades de esta vida y en la venidera, regresando a un mundo libre de sufrimiento, al que llamo el mundo espiritual.
Quien comete el mal, sea cual sea su forma, sufre los efectos perversos de sus propios actos pecaminosos, que conserva grabados en su esencia espiritual, como una mancha, el rastro resultante de su maldad. No es enumerando nuestros pecados a los sacerdotes, sumergiéndonos en las llamadas aguas «sagradas», haciendo libaciones ni yendo a un lugar sagrado de peregrinación sin buscar allí a los sabios, como se borrarán nuestras faltas o pecados. Esto es falso, pues quienes lo afirman mienten.
Solo hay una manera de borrar nuestros pecados y permanecer puros: renunciar al materialismo, a los placeres sensuales, a las acciones egoístas y a los frutos de nuestras acciones; actuar solo para Krishna, Dios, la Persona Suprema, y ofrecerle todo.
También es esencial que nos entreguemos por completo a Dios, que rechacemos el mal en todas sus formas, que tomemos la firme resolución de obedecer al Señor, hacer Su divina voluntad y servirle con amor y devoción; entonces nuestros sufrimientos y pecados desaparecerán. Actuemos para Dios, seamos sus eternos siervos y siervas, regresemos a nuestra posición espiritual original, ofrezcamos al Señor todas nuestras acciones y todos los frutos que de ellas resultan, así como nuestra propia existencia y vida. Entonces viviremos en pureza, porque nuestros pensamientos, palabras y acciones ya no producirán ningún efecto. El Señor Krishna nos ofrecerá entonces verdadera libertad, paz absoluta y verdadera felicidad permanente e infinita.


