Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Nuestros pensamientos, palabras y acciones generan efectos positivos o negativos, que conllevan consecuencias buenas o malas. Son las acciones cometidas en la vida pasada o anterior de una persona las que determinan las condiciones de su próximo nacimiento o reencarnación. El sufrimiento asociado con los actos pecaminosos tiene un doble origen: los actos en sí mismos, pero también los cometidos en vidas anteriores.

El origen de los actos pecaminosos suele ser la ignorancia de los hechos relacionados con Dios, la verdad existencial y el conocimiento espiritual absoluto. Pero ignorar la pecaminosidad de un acto no impide cometerlo ni sus consecuencias indeseables, que dan lugar a otros actos pecaminosos.

Por otro lado, Krishna, Dios, la Suprema Personalidad de Dios, nos aconseja ofrecerle todos los frutos de nuestras acciones.

Si decidimos no escuchar a Dios, como hacen los materialistas ateos, que se entregan desenfrenadamente a los placeres sensuales y se apropian de todos los frutos de sus acciones, entonces tendrán que aceptar las consecuencias de sus actos y experimentar el dolor resultante, a veces repetidamente.

Además, hay dos tipos de pecados: los que, por así decirlo, han alcanzado la madurez y los que aún no. Por «faltas maduras» nos referimos a aquellas cuyas consecuencias ya sufrimos; las otras son aquellas que, muchas de ellas, se han acumulado en nuestro interior y aún no han producido sus frutos de sufrimiento. Quien comete un delito puede que no sea capturado y condenado de inmediato, pero tarde o temprano lo será. De la misma manera, tendremos que sufrir por algunas de nuestras faltas en el futuro, así como por otras, «faltas que han llegado a la madurez», sufrimos hoy.

Así, los pecados y los sufrimientos se suceden, hundiendo al alma encarnada, condicionada por la energía material y la energía de la ilusión, en el dolor vida tras vida. En su vida actual, sufre las consecuencias de las acciones cometidas en su vida anterior y, a través de sus acciones presentes, se prepara para nuevos sufrimientos en el futuro.

Los pecados «maduros» o «completos» pueden resultar en enfermedades crónicas, problemas con la ley, baja cuna, educación insuficiente o mala apariencia física.

Nuestras acciones pasadas nos agobian hoy, y nuestras acciones actuales nos preparan para el sufrimiento futuro. Pero esta cadena puede romperse de un solo golpe para quien adopta la conciencia de Dios y le sirve con amor y devoción. Esto significa que el servicio devocional ofrecido a Dios es capaz de reducir todas las impurezas a la nada.

Dios también dice al respecto: El servicio devocional que se me ofrece actúa como un fuego ardiente, infinitamente capaz de reducir a cenizas todo lo que se le arroja.

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