Krishna, Dios, la Persona Suprema, tal como es en verdad, según lo describieron los sabios y grandes maestros espirituales que estuvieron cerca de él cuando vino a la Tierra hace 5000 años.
El Señor Soberano, Krishna, en su forma personal, real, primordial, original, infinita, absoluta y eterna, tiene una tez oscura, azul negruzca, como los pétalos del loto azul.
Su cuerpo, completamente espiritual y trascendental, está libre de toda imperfección.
Siempre muestra un rostro sonriente, semejante a un loto, con espléndidos ojos de tonalidades rojizas, como el interior de una flor de loto.
Sus cejas, bellamente formadas y gráciles, y su nariz ligeramente respingona, poseen un encanto infinito.
Cuando Krishna, Dios, la Persona Suprema, aparece, lleva sobre su grácil cabeza una corona dorada tan brillante como el sol, o un espléndido casco de oro finamente labrado, engastado con preciosas joyas, ambos adornados con una magnífica pluma de pavo real. Sobre su pecho luce el Srivatsa, un mechón de cabello blanco, y la resplandeciente joya Kaustubha cuelga de su cuello. Su ombligo se asemeja a un loto.
Los sabios, grandes maestros espirituales, enfatizan el loto comparándolo con ciertos rasgos físicos del Señor, pues es la más hermosa de todas las flores.
El Señor posee brazos largos que le llegan hasta las rodillas, manos largas, pies largos y un pecho ancho. Sus sublimes miembros están ungidos con pulpa de sándalo y adornados con ornamentos resplandecientes.
Sus hombros, rostro y miembros son exquisitamente delicados y están en perfecta armonía. Su hermosa boca esboza una sonrisa natural (el Señor sonríe a menudo), y sus ojos, alargados como los pétalos de un loto rojo recién abierto, resplandecientes con el rocío matutino, realzan aún más su belleza.
Tal encanto emana de sus iris que disipa las preocupaciones de quienes la contemplan. Su frente, orejas, cuello, nariz y cada parte de su cuerpo poseen una gracia indescriptible.
Una dulce sonrisa confiere a su rostro una frescura perpetua, tanta que incluso cautiva los corazones de las mujeres casadas. Es como si las flechas de Cupido las atravesaran. Alrededor de su cabeza cae una magnífica melena castaña, rizada y adornada con una hermosa pluma de pavo real.
Viste magníficas vestiduras de seda amarilla.
Su cabello negro azabache, con reflejos azulados, es del color de las abejas negras, y sus pendientes en forma de tiburón, que brillan como relámpagos, acentúan la belleza de sus mejillas y embellecen su rostro, semejante a una flor de loto.


