Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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¿Qué es lo que, incluso contra su voluntad, impulsa al hombre a pecar como si fuera forzado?

Esta pregunta se la planteó al Señor Krishna, Dios, la Persona Suprema, su devoto puro, el príncipe Arjuna.

El Señor le respondió: Es la lujuria, y solo eso. Nacida del contacto con la pasión, y luego transformada en ira, constituye el enemigo devastador del mundo y la fuente del pecado.

La lujuria, o deseo sexual, es el mayor enemigo de la humanidad.

En contacto con la materia, el alma encarnada que cada uno de nosotros es, se entrega sin vacilar a toda clase de actos pecaminosos, a menudo contra su voluntad. Se ve compelida a cometer pecados sin haberlos deseado. Es el acto sexual el que perpetúa la existencia condicionada en este mundo material; por eso Dios aboga por el celibato, pero sobre todo, por la continencia.

El Señor nos advierte con estas palabras: Los seres demoníacos no saben qué hacer ni qué no hacer. En ellos no hay ni pureza, ni conducta justa, ni veracidad.

Los seres demoníacos, que se refugian en la vanidad, el orgullo y la lujuria insaciable, caen presa de la ilusión. Fascinados por lo efímero, dedican sus vidas a actos perversos.

Creen que disfrutar de los sentidos hasta el último instante es el imperativo supremo de la humanidad. Por ello, su angustia no conoce fin. Encadenados por cientos, por miles de deseos, por la lujuria y la ira, acumulan riquezas por medios ilícitos para satisfacer los apetitos de sus sentidos.

Confundidos por múltiples ansiedades y atrapados en una red de ilusiones, se apegan excesivamente al placer sensual y se hunden en el infierno.

Tres puertas se abren a este infierno: la lujuria, la ira y la avaricia. Que toda persona en su sano juicio las cierre, pues conducen al alma a la ruina.

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