Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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En realidad, la muerte es simplemente la aniquilación del cuerpo físico. Tan pronto como el cuerpo deja de funcionar, el alma asume otro cuerpo determinado por las acciones cometidas en su existencia pasada, junto con sus consecuencias. En realidad, es el estado mental de la entidad espiritual en el momento de la muerte lo que determina el cuerpo que habitará en su próxima vida.

La entidad espiritual cambia de cuerpo tan pronto como los agentes del ser celestial, Señor de la Muerte y Juez de los culpables, han decidido su próxima forma física. Mientras el alma encarnada permanezca condicionada por la materia, debe habitar cuerpos materiales —humanos, animales o vegetales— vida tras vida. El cuerpo que ocupará en su próxima existencia le es dado según las leyes de la naturaleza material, en función de sus acciones, buenas o malas, y las consecuencias resultantes. El sufrimiento que padecemos, el dolor recurrente y/o las desgracias con las que nos encontramos, son el resultado de nuestros propios actos culpables cometidos en nuestra vida anterior.

La razón del sufrimiento y la desgracia que padecemos, y su propósito.

Comprendamos que el sufrimiento, el dolor y la desgracia que experimentamos tienen como fin permitirnos expiar nuestros pecados, disminuir la acumulación de pecados y faltas durante nuestras vidas pasadas, y permitirnos arrepentirnos, hacer penitencia, comprometernos a no repetir nuestros errores y, finalmente, volvernos a Dios, quien es el fin último de la existencia.

En base a lo dicho, si quitamos una vida humana, le impedimos lograr todo esto; peor aún, la condenamos al sufrimiento. No nos centremos en lo material, olvidando que la dimensión espiritual es primordial y que la materia tiene su origen en lo espiritual.

En realidad, al practicar la eutanasia o el suicidio asistido, mediante estos dos actos abominables, las personas simplemente trasladan las causas profundas del problema. Creen poner fin al sufrimiento causado por el cuerpo, pero no es así, pues la raíz o las causas de su sufrimiento permanecen.

En realidad, la muerte del cuerpo no resuelve el sufrimiento ni le pone fin, pues sus causas simplemente se trasladan a la vida futura. El Señor afirma claramente que la muerte es segura para quienes nacen, y el nacimiento para quienes mueren.

Estas palabras del Señor son una advertencia para los seres humanos que ignoran la verdad existencial. Mientras permanezcamos encadenados a la materia, esclavos de nuestros sentidos y nuestra mente, prisioneros de este mundo material por nuestra negativa a obedecer a Dios, nos veremos obligados a soportar el ciclo de renacimientos y muertes; las condiciones que originan nuestro sufrimiento en la existencia material no se resolverán.

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