Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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No hay nada peor:

No hay nada peor que quienes ven la paja en el ojo ajeno e ignoran la viga en el suyo.

No hay nada peor que quienes ven la maldad ajena pero olvidan que ellos mismos son la causa.

No hay nada peor que quienes siguen afirmando que el Eterno Supremo es el Dios de un solo pueblo, cuando Él es el Dios de todos los seres humanos y de todos los pueblos sin excepción, y el Monarca Soberano de todas las naciones.

No hay nada peor que la injusticia, la discordia, la hipocresía y la indiferencia, pues generan ira que lleva a la venganza, la cual a su vez provoca violencia, la cual causa sufrimiento y conduce al alma a la perdición y al Infierno.

No hay nada peor que la injusticia, pues lleva a los débiles de espíritu a la venganza. Esta última, nacida de la ignorancia, hunde al hombre en un caos moral y psicológico, debilita su intelecto, nubla su mente, volviéndolo inestable, acentúa su incapacidad para emitir un juicio objetivo y justo, para analizar los acontecimientos, lo lleva a tomar decisiones incorrectas y perjudiciales que causan sufrimiento a otros y lo conducen inevitablemente a la perdición.

Sus próximas vidas, en proporción al número de personas que hayan causado sufrimiento, serán sombrías y muy dolorosas.

Todos aquellos que, en venganza, derramen la sangre de culpables e inocentes por igual, rendirán cuentas ante Dios y los seres celestiales encargados de la justicia divina, y tendrán que soportar el sufrimiento resultante de sus actos pecaminosos en su próxima vida. Lo que hayan hecho les será hecho. Podemos escapar, mediante diversos subterfugios, de la justicia humana, pero sabemos que es imposible escapar de la justicia divina.

La Actitud Correcta.

El racismo, el odio y la venganza provocan disputas e incitan al mal, mientras que quien es lento para la ira calma las disputas. La bondad, la compasión, el perdón y el amor cubren todas las transgresiones.

Por eso Dios nos dice: A quien nunca causa agitación a los demás ni se perturba por la agitación, a quien no le afectan las alegrías ni las tristezas, es muy querido por Mí.

A quien no envidia nada, trata a todos como un buen amigo, se cree dueño de nada, está libre del ego falso y permanece igual en la alegría y la tristeza, es indulgente, siempre conoce la satisfacción, se dedica con determinación al servicio devocional y su mente e intelecto están en armonía conmigo, es muy querido por Mí.

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