Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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Dios, la Personalidad Suprema y Absoluta, nos indica la actitud ideal que debemos adoptar: Las alegrías y las tristezas efímeras, como los veranos y los inviernos, van y vienen. Se deben únicamente al encuentro de los sentidos con la materia, y debemos aprender a tolerarlas sin que nos afecten.

No podemos escapar de los sufrimientos de este mundo; el único remedio es tolerarlos, aceptarlos y soportarlos. Quien no solo logra tolerar las miserias de este mundo, sino que también permanece tranquilo y sereno ante sus alegrías y tristezas, es digno de la liberación.

El Eterno Supremo dice: Quien no se deja afectar por la alegría ni la tristeza, quien permanece sereno y resuelto en todas las circunstancias, es digno de la liberación (de la salvación).

Quien, firmemente decidido a realizar su ser espiritual, logra tolerar los embates tanto de la infelicidad como de la felicidad, está listo para alcanzar la liberación. Ningún obstáculo detiene al ser verdaderamente deseoso de perfeccionar su vida.

Podemos perfeccionar nuestras vidas aprendiendo a tolerar las dificultades de esta vida y, en la próxima, regresando a un mundo donde no existe el sufrimiento; lo llamo el mundo espiritual.

Dios había dicho: Ya sea que te laves con nitro o uses mucha potasa, tu iniquidad quedará marcada ante Mí.

Quien comete el mal, sea cual sea su forma, sufre los efectos perversos de sus propios actos pecaminosos, que mantiene grabados en su esencia espiritual, como una mancha, el rastro resultante de su maldad.

No es enumerando nuestros pecados a los sacerdotes, sumergiéndonos en las llamadas aguas «sagradas», haciendo libaciones o yendo a un lugar sagrado de peregrinación sin buscar allí a los sabios, que nuestras faltas o pecados serán borrados.

Esto es falso, pues quienes dicen esto mienten.

Solo hay una manera de borrar nuestros pecados y permanecer puros: renunciar al materialismo, a los placeres sensuales, a las acciones egoístas y a los frutos de nuestras acciones; actuar solo para Krishna, la Suprema Personalidad de Dios, y ofrecerle todo. También es esencial que nos entreguemos por completo a Dios, rechacemos el mal en todas sus formas y nos decidamos firmemente a obedecer al Señor, hacer Su divina voluntad y servirle con amor y devoción. Entonces, nuestros sufrimientos y pecados desaparecerán.

Actuemos para Dios, seamos Sus eternos sirvientes y siervas, regresemos a nuestra posición espiritual original, la que ya teníamos con Krishna, la Suprema Personalidad de Dios, al principio de todas las cosas, ofrezcamos al Señor todas nuestras acciones y todos los frutos que de ellas resultan, así como nuestra propia existencia y vida. Entonces viviremos en pureza, porque nuestros pensamientos, palabras y acciones ya no generarán efectos de ningún tipo. El Señor Krishna nos ofrecerá entonces vida eterna, verdadera libertad, paz absoluta y verdadera felicidad permanente e infinita.

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