Krishna, Dios, la Persona Suprema, desea que todos vivamos según Sus enseñanzas, para que todos, sin excepción, alcancemos la liberación y la salvación.
Krishna, Dios, la Persona Suprema, ama a todos los seres humanos sin excepción —blancos, negros, amarillos, rojos, mestizos— de la misma manera, ya que mora en el cuerpo de cada uno de ellos en Su forma como el Alma Suprema, también llamada Espíritu Santo.
Krishna, Dios, la Persona Suprema, concede a todos los seres humanos sin excepción la misma relación con Él y nos da a cada uno la oportunidad de cultivar esta relación.
Krishna, Dios, la Persona Suprema, otorga a todos los seres humanos los mismos objetivos: conocerlo tal como es en verdad, recibir y preservar sus enseñanzas divinas y su palabra sublime, renovar el vínculo de amor que nos une a Él, amarlo, obedecerlo, cumplir su voluntad divina, alinear nuestras ideas, proyectos e intereses con los suyos, respetar y aplicar sus mandamientos y principios rectores (no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, no comer carne, pescado ni huevos, no consumir drogas ni estimulantes como café, té, alcohol y cigarrillos, y no apostar), sus leyes divinas, entregarnos a Él y servirle con amor y devoción.
Krishna, Dios, la Persona Suprema, desea que sepamos que todos los seres humanos son Uno, que todos los seres vivos pertenecen al mismo pueblo divino del Señor Soberano, pues todos los seres que lo componen se originan de su energía primordial.
En este sentido, todos los seres se encuentran en el mismo nivel de igualdad, y nadie es superior ni inferior a otro.
Krishna, Dios, la Persona Suprema, desea que todos, sin excepción, vayamos a Él, a su reino eterno y absoluto, y que entonces redescubramos nuestra posición natural como siervos eternos, y que en esta capacidad cumplamos con nuestro deber de amor hacia Él.
Krishna, Dios, la Persona Suprema, es el único dueño de todo lo que existe en el mundo espiritual y en todo el universo material. Todo en la galaxia, independientemente de las estrellas y los planetas, pertenece solo a Dios.
Por ejemplo, Dios ha puesto a disposición de los seres humanos las tierras en las que pueden vivir según sus deseos. Además, dado que toda la Tierra es propiedad exclusiva de Dios, nadie tiene derecho a expulsar a los seres humanos que la habitan sin antes pedir permiso al dueño, en este caso Dios, pues estaría cometiendo un robo contra Dios, una agresión contra la comunidad expulsada, y por lo tanto sería responsable del castigo por la ofensa cometida contra el Señor Krishna.


