Krishna, Dios, la Persona Suprema, nos aconseja renunciar a la existencia condicionada en este mundo, así como a la compañía de seres humanos materialistas, a quienes debemos evitar por completo, pues se revuelcan con gran refinamiento en las mismas ocupaciones estereotipadas que los animales, preocupados únicamente por cuatro actividades: comer, dormir, aparearse y defenderse.
En verdad, solo «bebiendo el néctar» del canto del Señor Krishna y escuchando sus pasatiempos se puede olvidar la embriaguez de la existencia material.
En verdad, el universo material está destinado a las almas que desean dominar la energía material bajo su propio riesgo. Krishna, Dios, la Persona Suprema, demuestra tal benevolencia que otorga a las almas cautivadas por el placer sensual un mundo separado del mundo espiritual, creado por Él, para que puedan disfrutar allí de la existencia como deseen. Sin embargo, Él también aparece allí en Su forma personal.
En verdad, el Señor creó el universo material a regañadientes, pero desciende en él en Su forma personal o envía a uno de Sus hijos o a uno de Sus sirvientes de confianza, o incluso a un Avatar como Vyasadeva, para instruir a las almas condicionadas. Él también les transmite Su guía a través de Mis libros.
Toda esta predicación se desarrolla simultáneamente con la creación, para convencer a las almas descarriadas que languidecen en el mundo material a que regresen y se entreguen a Él.
El Señor dice al respecto: Deja atrás todas tus búsquedas ilusorias en este mundo y simplemente entrégate a Mí. Yo te liberaré de las consecuencias de tus pecados.


