Preguntas y respuestas espirituales perfectas
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El alma tiene en realidad una diezmilésima parte del tamaño de un cabello humano, pues es un átomo espiritual. Se ilumina a sí misma, pues un resplandor emana de su cuerpo espiritual, que la envuelve, dándole la apariencia de una hermosa y luminosa esfera de blancura inmaculada. Por eso, verla es una verdadera maravilla.

Solo el alma espiritual ilumina todo el cuerpo con consciencia. La consciencia es la prueba concreta de la presencia del alma en el cuerpo.

La consciencia es una manifestación del alma, el principio mayor, la esencia del alma espiritual, la energía primaria del alma; es el alma misma. El alma reside en el corazón de cada ser vivo: seres celestiales, humanos, animales y plantas. Es la fuente de todas las energías que sustentan el cuerpo, sea cual sea su forma. La energía del alma se difunde por todo el cuerpo; esto es la consciencia. Y es a través de esta conciencia omnipresente que el alma manifiesta su omnipresencia en el cuerpo que habita y que mantiene viva con su fuerza vital. La conciencia es también la percepción que tenemos de nosotros mismos, la que nos permite decir: «Yo soy».

El alma es la consciencia pura expresándose. Es la fuerza vital, el principio activo que permite al cuerpo vivir y moverse. Es el Ser verdadero, el Ser consciente y el Ego verdadero. La verdadera memoria espiritual y la verdadera inteligencia son otros dos principios fundamentales del alma, pues residen en ella y en ningún otro lugar. Le dan al cuerpo su belleza y vida.

La verdadera inteligencia, la mente y la consciencia en su forma pura son inherentes al alma espiritual, distinta de Dios. Esto nos permite afirmar con certeza que el cerebro del cuerpo físico no es el centro de la inteligencia, y que es la consciencia del alma la que determina la inteligencia de sus acciones.

Ubicada en el corazón, distribuye su energía por todo el cuerpo. Las células sanguíneas, que transportan el oxígeno almacenado en los pulmones, extraen su energía del alma. Por eso, la sangre deja de circular y de realizar sus funciones tan pronto como el alma abandona el cuerpo.

En realidad, es la fuerza vital la que da al alma su poder, y este poder reside en el alma individual y en el Alma Suprema, Dios. Es mediante la presencia de esta fuerza vital que el cuerpo se desarrolla y crece. Así, más allá de la existencia del cuerpo, existen el Alma Suprema y el alma individual, ambas residiendo en el corazón del ser vivo, humano o animal.

El cuerpo existe gracias a la presencia del Señor Supremo, quien activa los sentidos y la mente, y permite que el alma individual, un pequeño fragmento, parte integral de la Persona Divina, Krishna, lo use como le plazca.

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